jueves, 28 de enero de 2016

Oso. Marian Engel

Organizando fotos en el móvil he encontrado la de un párrafo de "Oso"de Marian Engel y al leerlo de nuevo he recordado lo mucho que me gustó este libro.


Es un libro perfecto. La historia de un amor inconveniente e imposible como metáfora de la soledad, de extrañeza ante el mundo, de la marginalidad, del miedo a la gente y a vivir.

Oso es un canto a la naturaleza y al animal que somos, y es también un grito de libertad. La libertad que la protagonista no tiene porque es mujer; el machismo que obliga a las mujeres a complacer para ser amadas, el amor a cambio de lo que hacen y no amor por lo que son. Sin embargo el oso está dispuesto a protegerla, a cuidar de ella y a hacerla feliz con un amor de ida y vuelta.

De un lirismo conmovedor y al mismo tiempo de una prosa eficaz, esta novela es un ejercicio de literatura brutal en el que cada párrafo deja una huella imborrable en el bagaje literario del lector. Engel hace magia con las palabras y lo que podría haber sido la historia de una patología, de una parafilia, con un objetivo provocador, finalmente ni siquiera es turbador, es nada más y nada menos que la búsqueda del amor.

Inquietante leí no sé donde pero no, no lo es; se me ocurre tierna y conmovedora. Se me ocurre respetuosa con la diferencia. Se me ocurre bucólica y a ratos, pocos, erótica. Se me ocurre feminista. Se me ocurre diferente. Se me ocurre una pequeña obra maestra.

Por cierto, al poco de terminar con "Oso" me puse con "H de halcón" de Helen Macdonald, novela que abandoné hacia la mitad y por las razones que en su momento escribí:

De momento lo dejo en mi estante de libros abandonados. Seguramente hice mal en comprarlo, me equivoqué creyendo que podría obviar mis prejuicios y mi intolerancia con quienes "usan" a los animales.
Esa pretendida comunión ente animal y naturaleza forzando la voluntad de un animal salvaje y justificándolo además con que son azores criados por el hombre, no me inspira más que rabia y disgusto.
Con cada movimiento y con cada gesto aterrado del azor me encojo y me rebelo, y no hay manera, ni siquiera con una literatura trabajada, de que encuentre poesía o lirismo en el sometimiento de un animal libre.
¿Para afrontar el duelo de una pérdida también necesitamos esclavizar a los animales? Hay que joderse.

La cita de "H de Halcón" venía a propósito del asunto animal que tanta importancia tiene en mi vida, en "Oso", la autora es respetuosa y tierna con el animal a pesar de que no es precisamente un libro activista bajo ningún aspecto, sin embargo el libro de Macdonald pretende darnos lecciones de amor por los animales al tiempo que somete a un ave salvaje.


miércoles, 27 de enero de 2016

Cuentos escogidos. Shirley Jackson

Leo mucho y leo compulsivamente, es lo que tiene vivir en Alaska, la soledad te deja espacio para montones de libros. Lo malo es que olvido con la misma energía. No tiene nada que ver con el efecto que me haya producido el libro, tanto si me gusta como si no, he de leer varias veces un mismo párrafo para hacerme con él, he de volver atrás, muy atrás, cuando retomo el libro tan solo un día después, y olvido, olvido casi todo. Mucho me temo que tiene que ver con la falta de concentración que más temo todavía que tiene que ver con cumplir años.

En fin, el asunto es que leo tanto que no tengo tiempo para escribir lo que recuerdo, O en realidad no, para ser sincera lo que hago es procrastinar. Y mira que me gusta escribir o eso creo, o eso creía, pero resulta que enfrentarme a la pantalla del ordenador me provoca una extraña desazón. Así que lo voy dejando con aquello de que para qué y para quién. Y para mí misma, no, la soledad fría de Alaska prefiero combatirla con una serie o con más libros.

Pero Shirley se merece que no la olvide, que un día vuelva por aquí y recuerde porqué me gusta tanto cómo escribe y sobre lo que escribe. Lo primero fue "Siempre hemos vivido en el castillo" una joya tangible entre los dedos, con un personaje, Merricat, ella sí, inolvidable.

Hace apenas un par de días he terminado sus cuentos escogidos y sus conferencias y qué corto se me ha hecho. Da igual que el tema sea una muela picada, un niño aburrido en un tren o una novia preocupada, Shirley Jackson convierte cada cuento en una experiencia profunda, incluso transformadora y en la que siempre se puede encontrar el propio reflejo.

Para Jackson no hay mejor fuente de inspiración que la realidad, la más cercana, la más doméstica, la cotidianidad como el escondite perfecto del terror. Porque lo cotidiano, como diría Alice Mc.Dermott, es un velo que cambia la realidad, o algo parecido. Lo auténtico y verdadero, lo doméstico, es el dolor por la pérdida o por una muela enferma.

"La muela" es un cuento perverso, una narración de terror perfecta en la que se revive físicamente el dolor insobornable de una muela en pie de guerra. Se sufre e incluso se llora, y el cuerpo se relaja al mismo tiempo que el de la protagonista cuando los calmantes hacen efecto.

Ocurre lo mismo con "El amante demoníaco", cualquiera que haya sufrido abandono y desamor recorrerá de la mano de la novia las calles de la ciudad en busca de lo que sabemos que no encontraremos. Con la misma angustia, la misma inocencia y el mismo tremendo dolor.

Pero dolor dolor dolor... el de la dichosa muela.

Los prejuicios de "Después de usted, mi querido Alphonse", la ceguera materna de "Charles", la mezquindad de "Siete tipos de ambigüedad" o el horror de "La lotería", sin olvidar el maravilloso juego de palabras y situaciones, y sentido del humor de "La noche en que todos tuvimos gripe". Nada, ninguna debilidad humana le es ajena a Shirley Jackson.

Y nadie debería perderse sus lecciones sobre escritura, sus consejos sobre la inspiración y el uso de las palabras. Sobre párrafos muy negros y muy espesos que asustan al lector. Sobre un vocabulario tan culto que es impertinente o sobre imaginar que el lector es tonto. El escritor escribe para que le lean, en eso encuentra la motivación para sentarse cada día delante del ordenador o de la libreta, no se trata, pues, de convertir al futuro lector en un enemigo.

Me gusta tanto Shirley Jackson, disfruto tanto leyéndola y ¡me cae tan bien! Así que aquí estoy, olvidando que procrastino y recordando que olvido para que nunca se me escape por qué adoro a Shirley Jackson


martes, 22 de septiembre de 2015

Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig

"El tiempo, sin embargo, posee una fuerza profunda y la vejez un poder singular para quitar intensidad a los sentimientos".

Leyendo por ahí sobre Stefan Zweig recordé que hace muchos años y muchos bocados de cachorros después, había leído Veinticuatro horas en la vida de una mujer. El único recuerdo que conservaba era que lo había elegido en un momento muy particular y por unas razones concretas. Razones equivocadas.

Con la ignorancia de la juventud creía que las respuestas a las preguntas personales están en los libros y que los interrogantes de la vida se resuelven entre sus páginas. En otras palabras: que ese libro estaba escrito para mí.

Stefan Zweig no contestó a mis preguntas y ni siquiera me dejó huella, está claro que no era ni la edad, ni el momento, ni el libro y sin embargo ahora, casi veinte años después, es la edad, es el momento y por supuesto es el libro.

He encontrado respuestas, muchas, incluso a preguntas que no me había hecho. Y como en todo buen libro he encontrado más preguntas. Es un libro pequeño pero es un libro amplio en la magnitud de los dilemas morales que plantea y que siguen siendo actuales; maravillas de la buena literatura.

Zweig escribe con un gusto exquisito, es elegante, preciso y lírico a la vez, su prosa es rica y está llena de matices, no falta nada ni nada sobra. Es imposible no acordarse de la traductora: María Daniela Landa.

Qué gusto da leerle, cómo se disfruta de las cosas bien hechas, cuidadas, de las joyas artesanas.

Y luego está el contenido que envuelve ese maravilloso y precioso continente: la moral, la ética, los juicios de valor, la pasión, el amor, la infidelidad, el sexismo, el arte. La vida.

Escrita en 1929 y partiendo de la huida de una mujer casada con un hombre al que apenas conoce, Zweig llama nuestra atención sobre la moralidad de la época y la ética universal, sobre el libre albedrío de la mujer y sobre sus responsabilidades y derechos. Es también un canto al amor y a la pasión pero también a la vejez y a la templanza.

Zweig en un libro brevísimo, en una joya del arte, nos plantea temas de preocupación y ocupación universal ayer, hoy y siempre, y lo hace con una delicadeza, una profundidad y una belleza insuperables.

"¿Usted cree, pues, si no he entendido mal, que Madame Henriette, que una mujer, cualquiera que sea, puede lanzarse inocentemente a una aventura; que hay acciones que una mujer juzgaría imposibles una hora antes de cometerlas y de las cuales no cabe hacerla responsable?"


lunes, 21 de septiembre de 2015

El desbarrancadero. Fernando Vallejo

"Es que yo creo en el poder liberador de la palabra. Pero también creo en su poder de destrucción pues así como hay palabras liberadoras también las hay destructoras".

No quiero que mi breve memoria borre El desbarrancadero y el inmenso poder de sus palabras. No quiero olvidar que el castellano más bello que jamás leí está en la obra de Fernando Vallejo.

Pareciera una paradoja que el discurso incendiario, demoledor, misántropo, amargo, ofensivo y letal esté redactado con una belleza irresistible y un vocabulario lujoso.

Todo en Vallejo parece odio y sin embargo quienes le leemos mucho y despacio sabemos que su literatura es pura ternura, un grito desesperado de amor.

En El Desbarrancadero, Fernando está herido de muerte por la agonía de su hermano Darío. La novela es un canto al amor fraternal y al amor a la vida aunque el autor trate de negarlo en cientos de maldiciones distintas.

El amor del que es capaz Feenando Vallejo por fuerza ha de borrar el odio que parece respirar. Seguramente un odio que es más defensivo que otra cosa y que le sirve de madriguera en la que esconderse del dolor.

Cada vez que me atraganto con la realidad y me tropiezo con lo peor de los seres humanos recurro a Vallejo, sus palabras liberadoras me hacen sentir viva y capaz de liarme a puñetazos con la humanidad entera si fuera necesario. Al pasar la ultima página, y aunque él no quiera, es esperanza lo que encuentro, y ternura, y amor.

Y un permanente homenaje a la lengua castellana.


jueves, 9 de julio de 2015

Sin destino. Imre Kertész

«Al fin y al cabo uno tiene derecho a saber por qué le odian», opinó.

Esta entrada sobre Sin destino pretende ser corta (vamos a ver qué pasa) y lo único que debería decir es "tienes que leerlo, debes hacerlo"

Si quieres conocer más y mejor sobre un período aterrador en la historia de la humanidad y si te interesa el alma humana has de leer a Imre Kertész.

Yo creía que tras la lectura de Si esto es un hombre de Primo Levi ningún libro y menos todavía un libro sobre el Holocausto podría conmoverme pero me equivocaba. He acompañado a un chaval de 15 años a su destino primero en Auschwitz y luego en Buchenwald en un viaje en el que no hay tiempo para la autocompasión ni las lágrimas. Es el desconcierto lo que define la experiencia terrorífica de este muchacho que durante un año no es capaz de asimilar tanto odio ni tanta crueldad. ¿Alguien podría?

Hay un desapego de los hechos que Imre Kertész cuenta, muy parecido al de Primo Levi en su Si esto es un hombre. No lo sé, pero se me ocurre que quizás es tomando distancia de la única forma en la que puede describirse el infierno.

Cuánto más frías, más asépticas son las descripciones sobre el hambre atroz, el frío insoportable, los golpes mutilantes o la suciedad con vida propia en cada rincón del cuerpo, más conmovedor, más hiriente, más atronador resulta el relato.

No se puede imaginar ni aún habiendo leído a Kertész, Levi o Arendt qué fue la no-vida en un campo de exterminio y es por eso que duele tanto que un representante político de la izquierda se permita justificar bromas y chistes en Twitter con la memoria de un dolor imposible de asimilar.

El adolescente protagonista viaja en un tren de mercancías, en un vagón a oscuras en el que otros cientos de seres humanos sobreviven al hacinamiento, el hambre y la sed; no saben a donde se dirigen, nadie les ha contado nada (el desconcierto y la perplejidad) Tras varios días de viaje el tren se detiene y alguien pregunta si se ve algo:

Me preguntaron si veía el nombre de alguna localidad. Y sí, lo vi: eran dos palabras que a la luz del sol se distinguían perfectamente… Auschwitz-Birkenau.

A partir de aquí el caos, la conmoción y el horror.

No deberíamos olvidar que quienes causaron tanto daño, un daño impensable literalmente -y como dice Hannah Arendt- no eran monstruos, eran funcionarios, gente que hacía su trabajo, eran seres humanos como tú y como yo. Y a propósito de esta cita a Hannah Arendt, dice Kertész en el libro:

Sí advertí que repetían la misma palabra una y otra vez, hasta que empecé a cansarme de oírla. Se servían de ella para describir todos los cambios, los momentos, los acontecimientos, por ejemplo: «llegaron» los edificios con estrella, «llegó» el quince de octubre, «llegaron» los nazis húngaros, «llegó» el gueto, «llegó» lo de las orillas del Danubio, «llegó» la liberación. También observé el mismo fallo de siempre: como si todos aquellos acontecimientos -indefinidos y horrorosos, con detalles casi inimaginables que incluso para ellos se hacían totalmente irrecuperables- hubiesen sucedido, no en el transcurso de minutos, horas, días y meses, sino todos juntos, a la vez, como un remolino, un vértigo, como en una fiesta con mucha gente que acaba enloquecida porque todos han perdido la cabeza, y ya no saben qué hacer (...)

No fueron acontecimientos que llegaron, fueron acciones perpetradas por personas concretas. Muchas, millones de personas participaron activa o pasivamente en el genocidio del pueblo judío. Una maquinaria humana engrasada y eficaz, lista para exterminar un pueblo.

Esta humilde entrada que al final (ay, lo sabía) es más larga de lo que pretendía, la he escrito teniendo en mente a quien fue mi suegro, un judío húngaro que consiguió escapar de un campo de exterminio y huir a Israel. Un judío errante... que años después marchó a la Argentina y terminó su vida en España. Un hombre maravilloso, lleno de vida y de energía, generoso, divertido y bon vivant; un gran padre y mejor abuelo al que me hubiera gustado haberle dicho cuánto admiraba su coraje y sus ganas de vivir.


sábado, 9 de mayo de 2015

Si llega a amanecer. Anne Tyler

Me fui definitivamente y ahora he vuelto a morir definitivamente.
—¿Cómo puede usted haberse ido definitivamente si ha vuelto? —preguntó Ben Joe.
—Porque lo que dejé no existe ya para poder regresar a ello, ése el motivo. Así que mi partida puede considerarse permanente
.

Anne Tyler es Dios. Diosa.

Hasta ahora era un icono, un fetiche, una escritora imprescindible, pero tras la lectura de Si llega a amanecer ha pasado a convertirse en una divinidad a la que rendiré culto.

Y no precisamente porque sea su mejor novela, que no lo es, pero alguien que es capaz de escribir una joya con 23 años pertenece a otra dimensión, a una, sobrenatural e inalcanzable para los humildes mortales.

Ben Joe estudia en Nueva York pero echa de menos la casa familiar y al montón de mujeres que la habitan; seis hermanas, una madre y una abuela que pasan los días ajenas a la nostalgia del único varón de la familia. Ben Joe está deseando regresar y la excusa para hacerlo se le presenta cuando se entera de que la hermana mayor se ha separado de su marido y ha regresado a casa con su hija pequeña.

En las novelas de Anne Tyler parece que no pasa nada pero el movimiento es incesante. Y su talento para que nos reconozcamos en las idas y las venidas, en los llantos y las risas, en las miserias cotidianas o en las aventuras familiares es infinito. Eso es lo que más me gusta de sus novelas: en todas acabo por encontrarme en uno o incluso en varios personajes.

Madre mía... 23 años y el año 1964... Y una mujer. No debió serle fácil ni escribir esta novela ni publicarla. Que alguien confiara ya no solo en el talento literario pero que su bagaje tuviera algo que decir. Y lo tenía, vaya si lo tenía.

Si llega a amanecer es un viaje de regreso pero también un viaje de ida. Ben Joe, como tantos de nosotros, esté donde esté desearía estar en otro lado; el eterno adolescente atado a un pasado idealizado. La vuelta a casa pretende ser el retorno a la paz del hogar, a los lazos seguros, pero no lo es, porque a su vez esa casa y la familia que la habita son fuente de angustia y temores.

Un viaje de ida porque en el regreso quizás encuentre una luz que le indique el camino que conduce al futuro. Volver a las raíces para encontrar el destino. O quizás no, seguramente todos de un modo u otro nos quedamos varados en el pasado.

Ben Joe, el protagonista de la novela, no es un personaje fácil, no se hace querer, y sin embargo se entiende perfectamente lo que pasa por esa cabeza joven llena de miedos e incertidumbres. Frente a él toda la cohorte de mujeres que sin duda alguna son las pragmáticas, las fuertes y las realistas porque como suele ser habitual, no les queda otro remedio mientras el "Peter Pan" familiar puede permitirse el lujo de no hacerse adulto.

Ahora que lo pienso... quizás Ben Joe no se hace querer porque es el espejo en el que no me gusta mirarme. Quizás.

Anne Tyler según Rodrigo Fresán


miércoles, 1 de abril de 2015

Una mujer en Jerusalén. Abraham B. Yehoshúa

¿Por qué renunciar? ¿Por qué rendirse? ¿Acaso hay en el mundo una cruz por la que merezca la pena suicidarse?
Tengo que escribirlo ahora antes de que se pierda la conmoción que me ha provocado este libro brutal.

Odio salir indemne de los libros, para eso tengo las series de televisión o el cine, de hecho confieso que no pretendo encontrar en estos dos otra cosa que no sea un buen rato. Pero los libros, uf; la experiencia lectora ha de ser intensa, dolorosa incluso porque ha de dar cuenta de la medida de la vida siempre cabrona.

Y esto es lo que hace Yehoshúa al menos en esta novela de argumento surrealista y paradójicamente plausible. Una historia que nace con la muerte de una mujer en un atentado terrorista y suicida en un mercado de Jerusalén. Un cuento que protagoniza un director de recursos humanos que reúne a su vera a otros tantos personajes vitales y perdidos, generosos y perversos cuyas vidas se moldean en una ciudad muy antigua testigo del amor y del horror del que somos capaces los seres humanos.

Este es el argumento de Al este del Edén según casadellibro.com (yo no lo leí)

Un terrorista suicida se inmola en el mercado de Jerusalén. Una mujer muere. Nadie se presenta en la morgue de Monte Scopus para reclamar su cadáver. La misión del protagonista es cargar con el cadáver, devolver a Julia a su pueblo natal. Pero, en realidad, su verdadero cometido consiste en encontrar en su interior los recursos humanos necesarios para vencer la heladora frialdad que parece extenderse sobre el mundo y sobre sí mismo.

Imposible dejar de leer una vez se empieza Una mujer en Jerusalén tal es la fuerza con la que te atrapa en cada etapa del viaje imposible de un peculiar director y buscador de recursos humanos. Todo en este libro es Literatura y genio, desde la construcción de la estructura hasta las voces que guían al narrador por la historia pasando por las sorpresas que saltan en cada esquina.

Leer como experiencia total, como forma de habitar otros cuerpos, otras personalidades y otras vidas. Una experiencia inolvidable la lectura de este libro fascinante del que no he salido indemne.

Ah, acabo de recordar que en el último Babelia leí que la novela había muerto, no recuerdo quién lo escribió ni a cuento de qué era, pero o no ha leído a Yehoshúa o a Coetzee, o es un pedantete.

Abraham B. Yehoshúa en La Contra de La Vanguardia